Posiblemente de la lectura de las cartas anteriores se puede deducir que estoy lleno de rencor y si me apuran hasta de un deseo de venganza por todos los hechos históricos que he comentado y su efecto, el tratamiento político que el territorio que hoy conocemos como Cataluña en personas que en él vivieron y las que aún hoy en día siguen recibiendo, hasta nuestros días. Si así ha sido lo lamento, creo que a pesar de la historia pasada las personas podemos ser mejores, y sin duda mejoramos si nos respetamos, esta es la razón de estas cartas.

A min entender las personas individualmente consideradas conservan siempre el libre albedrio, como esencia de su soberanía personal. Aún que formen parte de pueblos o naciones o estados, independientemente de su nivel de organización social, ja sea por razones de nacimiento, familiares, políticas o por el ejercicio de dicho libre albedrio. Soberanía que por el hecho de aceptar el condicionamiento que supone vivir en los diversos tipos de organizaciones no perdemos.

Hi este es mi mensaje, un mensaje de esperanza en todos los que se sienten españoles, a los que el momento actual le ofrece una oportunidad planteándoles un referéndum en el que podran manifestar su voluntad de continuar formando parte del Reino de España o de dejar de formar parte de él.

Como se puede renunciar a la gran oportunidad que se nos presenta. Por primera vez se plantea una nueva relación entre personas que han convivido siempre aparentemente unidas como efecto de las decisiones tomadas por unas élites, que han utilizado las vidas de los que nos han precedido para conseguir sus intereses, forjando estados con alianzas sin tener en cuenta ni su cultura ni nada que pusiera en peligro sus intereses personales. Lo conseguían con matrimonios acordados, por guerras propias o participando en otras, estableciendo colonias en territorios ajenos etc.

No deseo que se revierta todo lo sucedido, ni reclamar los daños causados a sus causantes, ja sean condes, marqueses, reyes o reinas, validos, terratenientes, ciudadanos,  diputados, políticos, papas, obispos, cardenales, abades, sacerdotes, etc.  y visionarios de todo tipo y condición, pero si es mi pretensión que no se olviden. No para evitar que vuelvan a suceder, sino para que esta oportunidad sea un hecho del que todos podamos sentirnos orgullosos y permitir a todas las personas que viven en Catalunya puedan elegir libremente como quieren convivir con sus vecinos. Es cierto que esta decisión nos afecta a todos, pero de la misma manera que cualquier decisión individual que tomamos día a día.

Visualizemos en un mapa  lo que en aquella Constitución se definía como España, como se debía preservar su indivisibilidad como valor máximo y guía moral de sentimientos y acciones, i  base del derecho, al que se podría añadir la regla, de que más vale honra sin barcos que barcos sin honra.

Dejemos a un lado la soberbia de creennos superiores y con la misión de extender a todo el mundo nuestras creencias, seamos humildes y contemplando este mapa con atención analicemos las decisiones que se tomaron, sus consecuencias y a donde nos encontramos ahora. Porqué nuestras élites ayudados por los políticos que nos gobiernan en el siglo XXI, todavía se aferran a las dos guías morales que he comentado. Como es posible que aún no nos hayamos dado cuenta de que la paz sólo se consigue con la unión de los pueblos en paz y por el ejercicio del libre albedrio de sus ciudadanos, condición humana que nos define liberándonos y obligándonos al mismo tiempo.

Que en el siglo XXI seamos los primeros en conseguir algo que nadie ha logrado sin violencia, que los pueblos decidan libremente sus relaciones dando un primer paso de fraternidad verdadera, permitiendo que Cataluña sea la primera, pero no la única, si es que otros pueblos lo desean.